
El elegante gato de The Black Sheep, el hostal de Medellín donde nos hospedábamos, sobre el sillón abandonado de la terraza.
Tras un viaje de más de veinte horas en buseto, cuando lo previsto eran apenas trece, llegamos a la ciudad de la eterna primavera, y al salir de la terminal autobuses nos encontramos con esta imagen de la inmensa Medellín, una ciudad rodeada de siete cerros, donde el que más en alto vive, suele ser más pobre.