

Empieza a caer el sol. Entre los últimos bañistas queda esta familia que aprovecha la suave luz del atardecer para hacerse una foto. Yo incorporo mi sombra en élla.

Manglaralto era donde solíamos ir para abastecernos de comida y comunicarnos con nuestra gente durante nuestra estancia en Kamala. El sol y a la aridez hacían que pareciese un pueblo fantasma. El calor del mediodía escondía a los lugañeras en el interior de sus casas y las calles quedaban desiertas.








El Pelao es un pequeño peñón a 45 minutos en bote desde Kamala donde se cobijan innumerables especies marinas. Hasta allá fuimos con la gente de Kamala, que además de ofrecer hospedaje, oferta activadades subacuáticas como club de buceo.
No es lo mismo viajar que estar de vacaciones. Por ello, cuando encontramos Kamala y nos relajamos y nuestra mayor actividad era ver el atardecer, hacía falta agua caliente para que nos echaran de allí. Despertar y bañarte en el mar, desayunar, comprar comida en Manglaralto, a diez minutos, cocinar, comer al aire libre, café con dominó, ver los crepúsculos, cenar, quizás un paseo por la playa hasta Montañita para alternar un poco, volver con los pies mojados bajo la luz de la luna y dormir escuchando el romper de las olas. ¡Ah, y mañana a bucear! Volveremos. Besos para Vero, Carlos, Raúl, Juan Álvaro, Olivier, ...




Una de nuestras tareas matutinas en Puerto López es una caminata hasta el final de la bahía, donde están las rocas, y en ellas los percebes. Llenamos una bolsita y volvemos, y con una cervecita bien fresquita acompañando, nos tamamos esta deliciosa tapita, mientras la plancha se calienta para poner los gambones.